Cómo poner precio a tu producto sin adivinar
Casi todos los negocios chicos fijan precios "a ojo": le suman un poco al costo y listo. El problema es que ese "poco" casi nunca es el margen que creen que es.
Si alguna vez calculaste el precio de un producto sumándole un 30% al costo, pensando que así te queda un 30% de ganancia, tenemos que hablarte de algo: probablemente estés ganando menos de lo que pensás.
Dos formas de calcular un precio, dos resultados distintos
Existen dos maneras comunes de fijar un precio a partir del costo, y aunque suenan parecidas, no dan el mismo número:
- Recargo sobre el costo (markup): le sumás un porcentaje al costo. Ejemplo: costo ₲50.000 + 30% = ₲65.000.
- Margen sobre el precio de venta: ese porcentaje se calcula sobre el precio final, no sobre el costo. Con el mismo 30% de margen, el precio de venta sería ₲71.400.
La diferencia entre ₲65.000 y ₲71.400 no es un detalle menor. Multiplicada por cientos de ventas al mes, es la diferencia entre un negocio que respira y uno que apenas sobrevive.
¿Por qué pasa esto?
Cuando decís "quiero ganar 30%", en realidad casi siempre te referís a un 30% de tu precio de venta, no de tu costo. Pero al calcular sumando directamente sobre el costo, terminás con un margen real más bajo del que creías tener.
Entonces, ¿cuál conviene usar?
No hay una respuesta única — depende de cómo pensás tu rentabilidad. Lo importante es saber cuál estás usando y ser consistente. Si tu meta es "ganar 30% de cada venta", tenés que calcular con margen sobre precio de venta, no con recargo sobre costo.
Otros errores comunes al fijar precios
- Copiar el precio de la competencia sin saber tu propio costo real (incluyendo flete, pérdidas, tiempo).
- No actualizar precios cuando sube el costo de reposición.
- Fijar el mismo margen para todos los productos, sin distinguir los que rotan rápido de los que rotan lento.
- Olvidar gastos indirectos (alquiler, luz, sueldos) al pensar la rentabilidad de un producto puntual.
Un hábito simple que cambia todo
Antes de poner un precio, hacete una sola pregunta: "¿este número es un porcentaje sobre el costo o sobre el precio de venta?". Esa distinción, aplicada de forma consistente en todo tu catálogo, evita que tu negocio esté regalando margen sin que te des cuenta.
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